MIGUEL TIMOSHENKOV
LAREDO, TX. – El acto es recurrente, pero solo quien sufre la violencia doméstica sabe el flagelo que debe soportar por sus hijos y ajustarse a ese padrón de vida que dicta el abusador.
Por muchos años han vivido numerosas mujeres con el terror y bajo amenaza.
“Si me denuncias a la policía, te echaré a la migra. Te deportarán y nuestros hijos se quedarán conmigo”, así suenan los abusadores. “Ya no los verás más. Nos iremos al norte y nunca nos encontrarás”.
Es la expresión “recurrente” que cientos de mujeres viven diariamente bajo esas condiciones.
La violencia doméstica tiene efectos profundos en quienes la sufren y sus familias. Estos impactos rebasan las lesiones físicas, porque las consecuencias psicológicas, económicas y sociales son abrumadoras.
Enfrentan lesiones visibles e internas, contusiones y el daño permanente de vivir la zozobra.
Numerosas mujeres han muerto en diferentes circunstancias. Aquí en Laredo mujeres han sido asesinadas por sus parejas.
Una enfermera dijo que reciben a las víctimas en una manera despiadada después de haber sido atacada.
Responder con premura a denuncias conectadas con violencia doméstica es orden directa cada día para los policías, dijo en entrevista Miguel Rodríguez Jr., jefe de LPD.
Prevenir y educar es tarea fundamental para rebasar estándares culturales en nuestra comunidad, donde las víctimas, mujeres y niños, son sometidas por el abuso.
“Aquí se pueden incluir como amenaza la agresión física, amenaza con arma, acecho, violencia emocional-psicológica, así como el control coercitivo”, dijo el jefe Rodriguez.
Sister Rosemary Welch dijo que decenas de casos se atienden anualmente en Casa Misericordia y después de reconfortarse se les exponen escenarios que podrían tomar en decisión por sí mismas.
“Nosotros no podemos orientarlas que camino a seguir”, dice Sister Welch. “Solo deseamos que tomen la mejor decisión por sí mismas”.
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